¿Cómo despedirte de tu mejor amigo, tu compañero, tu familia? ¿Cómo honrar su memoria y minimizar el dolor? ¿Cómo decir adiós?

En cuestión de 4 días, nuestra familia perdió a dos de sus miembros. Nuestro gatito Dominó, con solo 5 años, y nuestra galga Niebla, después de 13 años de vida, 7 con nosotros.

La marcha de Domi Domi

Domi Domi llevaba unos días pachucho, sin ser él mismo. Tuvo unas fiebres muy altas y no comía tanto como era habitual en él. Lo llevamos en dos ocasiones al vete, sin terminar de ver nada que justificase su estado. El miércoles 28 de noviembre lo llevamos por tercera vez y se quedó ingresado porque la eco que le hicieron mostraba una pancreatitis que no había dado la cara hasta ese momento. Nos preocupamos un poco, pero no demasiado porque Domi era un gatito luchador que había salido anteriormente de dos situaciones difíciles: una anemia autoinmune y una panleaucopenia.

Continuó ingresado el jueves y el viernes, y yo no me separé de él en ningún momento. Tengo que agradecer a API, nuestra clínica de confianza durante 7 años, que me permitiesen estar con él en la zona de hospitalización todo ese tiempo, porque sé que la mayoría de los veterinarios no lo permiten, salvo en horas acordadas. El viernes me fui contenta a casa, lo había visto muy animado y mimoso, y era bastante probable que al día siguiente ya me lo pudiese llevar a casa…

Pero el sábado las cosas se fueron torciendo desde el principio. Cuando llegué me encontré a un Domi mucho menos animado, quejoso incluso. No quería comer (el día anterior le habían puesto una sonda, y hacia el final del día parecía que se animaba a comer solito), e incluso le molestaba que le tocase. No parecían signos muy graves, pero yo comencé a preocuparme porque conozco a mi Domi y sabía que tenía que encontrarse muy mal para comportarse así, con lo tolerante que era…

Cuando los vetes tuvieron un hueco le hicieron otra eco… y en ese momento mi mundo se vino abajo porque me dijeron que estaba inundado de líquido en el abdomen, y lamentablemente, sabía lo que eso significaba, después de haberlo visto tantas veces en gatos acogidos, de la calle y de las protes: PIF. Peritonitis Infecciosa Felina. Una enfermedad mortal en el 100% de los casos. Domi superó la calle, una panleucopenia, una enfermedad autoinmune que lo tuvo al borde de la muerte… y al final se lo iba a llevar (se lo llevó) el maldito PIF.

En unos minutos, Domi empezó a estar cada vez peor, a quejarse cada vez más alto, más fuerte, con maullidos desgarradores (un gato que nunca maullaba, llorando así… ), y tuvimos que tomar una decisión rápidamente. El vete le fue inyectando analgésicos para que no sufriese, pero el malestar iba a ir en aumento, y en 5min, Domi ya no estaba, no era él… el Domi que yo había conocido y amado se había ido ya, aunque su cuerpito siguiese respirando. No sé cómo, pero tomé la decisión de dormirle de manera orgánica, casi sin tener que pensarlo demasiado. Sé demasiado bien cómo trata el PIF a los gatos y no quería que mi chiquitito sufriese así, cuando no había nada que hacer por él. Así que le ayudamos a irse y le abrazamos y besamos todo el tiempo, incluso mucho después de que ya no estuviese.

 

La despedida de Domi Domi

Había vivido tantas veces ese momento con gente cercana, gatos de la calle, animales rescatados… pero nada te prepara para perder, de repente y sin avisar, a uno de tus hijos (sí, para mí son hijos y yo soy su madre), uno de los seres que has querido, alimentado, cuidado y amado todos los días de su vida. Me quedé en shock y quise huir de allí, de la clínica, de la fría mesa de la consulta que sostenía su cuerpo aún caliente. Y me fui a casa con mi pareja, lloré amargamente durante días, pensando que nada tenía sentido si él no estaba. ¿Comer? ¿Vestirme? ¿Pagar facturas? ¿Cómo podía hacer todo eso si mi niño ya no estaba con nosotros? No había nada más importante que su muerte, nada más importante que su ausencia. No dejaba de preguntarme ¿cómo vivo ahora sin ti, mi amor?

En la clínica nos dijeron que, debido a la enfermedad que le había aquejado, había que incinerarlo sí o sí. Nos ofrecieron hacerlo a través de una empresa con la que ellos trabajan, y podíamos recuperar sus cenizas para conservarlas con nosotros, o no. Nosotros sabíamos que queríamos sus cenizas para que estuvieran con nosotros, pero más adelante Raúl pensó que él querría despedirse haciéndole un pequeño velatorio. Pensamos automáticamente en Cremascota porque la habíamos conocido anteriormente en la despedida de la perra de una amiga, y nos pareció un lugar idóneo por su forma de trabajar. Así que los llamamos y nos dijeron que ellos se ocupaban de todo, de recoger sus restos y prepararlos para que al día siguiente nos despidiésemos y lo incinerasen.

Yo tenía muchas dudas acerca de si asistir al velatorio, no sabía cuánto podría ayudarme verlo una vez más, e incluso nuestro vete decía que era una decisión muy personal, porque al día siguiente ya no tienen tan buen aspecto…

Pero al final me decidí a acompañar a Raúl y me alegro mucho de haberlo hecho, porque en Cremascota lo habían preparado con mucho mimo, lo habían colocado sobre almohadas de manera que parecía plácidamente dormido… y gracias a esa imagen, pude desterrar de mi cabeza los últimos momentos de dolor que había pasado en la clínica, imágenes que pasaban una y otra vez por mi mente, que pronto fueron sustituidas por su carita relajada y dormidita. Tanto Raúl como yo salimos de Cremascota con una sensación de paz que no habíamos logrado alcanzar hasta ese momento. Nos habíamos despedido y lo habíamos hecho bien. Y nos llevábamos sus cenicitas en una preciosa urna a casa. Se había cerrado el ciclo.

Con esto no quiero decir que de repente ya no sufriésemos más. Yo lloro todos los días por él, me faltan sus trastadas, su pedir latita, sus carantoñas… Y si fuese de otro modo no estaría a gusto conmigo misma, porque creo que él se merece algo más que una tristeza de una semana. Pero es un dolor más reposado, con esperanza, con muchos y muy felices recuerdos. Y mientras yo le recuerde, de algún modo, seguirá vivo en mí (este es un tópico que no he entendido hasta ahora).

 

La marcha de Niebla

Niebla nos dio un susto grande en agosto, una tarde de repente comenzó a ahogarse, y Raúl la llevó corriendo al veterinario. Nuestros vetes de confianza no estaban, por ser agosto, pero dio con una clínica en Usera donde los atendieron rápida y muy eficientemente. Después de varias horas haciendo pruebas, de derivarla a un hospital para hacer un ecocardiograma, etc, llegaron a la conclusión de que sufría una neumonía de causa desconocida, que se complicaba con una cardiopatía. Por suerte, con medicación su estado remitió y pudimos llevarla a casa.

Pero a partir de ese momento comenzó un declive lento que no escapaba a nuestros ojos. Jadeaba cuando se ponía nerviosa, que era cada vez más a menudo, por cualquier cosa. Si nos retrasábamos con la hora del paseo, con la comida, si cambiábamos de horarios… Comenzó a perder peso, en unos meses perdió 4 kilos y empezaron a notarse las vértebras, las costillas, los pómulos más afilados… y en las últimas semanas incluso comenzó a tener comportamientos que no había tenido desde los primeros tiempos adoptada: se hacía pis en casa, se comía la comida de los gatos, las cacas de los areneros… Y la llevábamos al veterinario casi dos veces por semana por una cosa o por otra, porque se ahogaba de repente, le subía la tensión… Vamos, un cuadro la pobre.

Por todo ello, comenzamos a pensar que el final estaba cerca. Le temíamos especialmente a las navidades y los petardos, porque en nuestro barrio tiran muchos (a saber por qué). Todas las navidades las hemos pasado fatal por ese motivo. La pobre no quería ni salir, prefería hacerse pis en casa a salir a una calle llena de ruidos. Comenzamos a abastecernos de un montón de cosas para poder pasar las navidades lo más tranquilos posible, con chuches de triptófano, auriculares para perros con cancelación de ruido, chalecos antiansiedad…

3 días después de haber despedido a Domi, Niebla comenzó con un ataque de ansiedad, jadeando muy fuerte hasta que llegó un momento en el que casi se ahogaba, así que nos fuimos de madrugada al vete. Su medicación de siempre no estaba funcionado, la de rescate que nos habían dado tampoco, por lo que nos dieron otra. Pasadas 24hs Niebla seguía igual. Se pasó casi dos días al borde de la asfixia, y los vetes nos explicaron que el corazón no estaba trabajando adecuadamente, que tenía ritmos de galope y que estaban haciendo lo posible por reducirlos, ya que ella se estaría encontrando agotada, como si estuviese corriendo continuamente sin descanso, y llegaría un momento en que colapsaría.

La mañana del miércoles 5 de diciembre Niebla seguía igual, después de haber pasado una noche horrible de jadeos, toses, etc… Así que la llevamos al vete temiéndonos lo que nos diría, pero por otra parte aceptándolo porque ella no tenía calidad de vida ni estábamos consiguiendo devolvérsela. En todas las pruebas que le habían hecho no salían valores rematadamente malos, pero estaba claro que tenía un tumor en algún sitio, haciéndole la puñeta, y a juzgar por el nódulo que habían visto en el bazo, lo más seguro es que se tratase de una metástasis de un tumor localizado en el corazón.

Tras hablar con los vetes, de nuevo tuvimos que tomar la decisión de ayudarla a irse. Nunca es fácil, pero en esta ocasión, después de tantos días sufriendo, de varias semanas verla deteriorarse, nos pareció que era incluso un alivio para ella, para dejar de sufrir. La abrazamos, la besamos, le dijimos lo muchísimo que la queríamos, y la dejamos irse en nuestros brazos después de habernos dado una inmensa felicidad en sus 7 años con nosotros.

 

La despedida de Niebla

Parece mentira, pero de repente nos sentíamos expertos en eso de despedirse de un animal… Y repetimos los pasos que habíamos dado unos días atrás: llamamos a Cremascota, que recogió el cuerpo de Niebla esa misma mañana y, tras pedírselo como algo especial, ya que al día siguiente era festivo, puente, y no queríamos retrasar más la despedida, nos prepararon el velatorio para esa misma tarde a última hora, en tiempo récord.

Esta vez ya sabíamos que nos iba a reconfortar despedirla de este modo, así que los nervios no fueron tantos. Fue una despedida más tranquila y en paz.

Nos ayudó mucho hablar de nuestros sentimientos sin tapujos en todo momento. Es muy importante expresar cómo te sientes para poder compartir, de algún modo, esa tristeza con quien puede sentir como tú, quien te comprende. Verbalizar el dolor ayuda a pasar el duelo y avanzar por sus diferentes fases. Yo me veía pasando por ellas, transitando poco a podo de la negación a la negociación, hundirme en la depresión, y poco a poco rozar, con la punta de los dedos, la aceptación. Las fases no son lineales y sigo intercalando depresión e ira en lo que ya considero que es ya sobre todo aceptación. Supongo que este estado será el más largo, el que me permite tener un nivel de tristeza aceptable, y al mismo tiempo seguir viviendo para estar con los niños que me quedan. Asumo que seguiré llorando mucho, de repente, cuando vea el cuenco de Niebla, que no hemos retirado todavía, o sus camas, o cuando ponga latita a mis niños y no haya un glotón comiéndose los restos de todos. Me queda mucho por llorar y mucha tristeza por sentir, pero ya desde una posición más serena.

Para mí, el peor de todos los sentimientos es el de ser tan consciente de la fragilidad de la vida, de que un momento estás bien y al siguiente no estás, pero no me preocupa por mi propia vida, sino por la de mis gatos. Se ha generado en mí una ansiedad porque se pongan malos y cada cosa que veo rara me alerta y me angustia. Ahora tengo que trabajar en ese sentimiento y ser más consciente del ahora y disfrutarlo, porque realmente cualquier cosa puede ir mal, o cualquier cosa puede ir bien, pero entretanto, es lo que es y tengo que disfrutar del ahora.

En una estantería en casa hemos colocado un pequeño altar con sus cenizas y con el recuerdo de dos animales importantes en nuestra vida que se fueron antes que ellos: Pirrakas y Mica. Otro gesto que nos ha servido para obtener paz dentro de este dolor. No somos personas religiosas, pero estos pequeños rituales nos han ayudado a colocar cada cosa en su lugar, y a cerrar las heridas abiertas.

 

 

 

Os pido disculpas si hay faltas de ortografía o si alguna frase es difícil de entender… lo he escrito del tirón, he llorado mucho mientras lo hacía, y no quiero releerlo para no volver a hacerlo… así que esta vez lo publico sin revisión. Sólo espero que entendáis el mensaje y os sirva.

Elena.

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