En mayo de 2013 oímos, de boca del capitán de la jefatura del SEPRONA – José Manuel Vivas – que “la matanza de galgos en España es una leyenda negra”. En cambio, asociaciones como SOS Galgos denuncian que, al finalizar la temporada de caza en febrero, más de 50.000 galgos son abandonados o asesinados.

Cineteca del Matadero de Madrid, 19:50 de la tarde. Se ha colgado el cartel de “todas las localidades vendidas” en dos salas, y nunca nos podría haber ilusionado más verlo, porque nuestras entradas están a buen recaudo, y porque lo que vamos a visionar no es la última de Tarantino, sino “Febrero, el miedo de los galgos”.

Para ilustrar la realidad que viven los galgos en nuestro país, Irene Blánquez ha rodado este documental independiente y autofinanciado, en el que seguimos a Mila, una galga abandonada en un pueblo de Sevilla y rescatada por SOS Galgos. Tras ser operada de sus heridas, le espera una nueva vida. Su historia se intercala con entrevistas a animalistas y galgueros, dibujándonos el panorama completo de la vida de estos seres: la explotación como animales de caza, con entrenamientos extenuantes y el posterior abandono, y la esperanza de encontrar una vida mejor al final de ese camino, gracias a las asociaciones y los particulares comprometidos… o sólo la muerte.

Irene Blánquez nos cuenta que lo que le movió a escoger esta temática, además de la reciente adopción de un perro mestizo, fue leer una entrevista a Anna Clements, directora de la ONG SOS Galgos, donde explicaba la terrible situación del galgo español, de abandono y maltrato. “Sentí un ruidito interno y supe que ese era el tema que quería tratar y compartir con el mundo”.

Esta directora barcelonesa dedicó año y medio a viajar al sur para rodar el material que ahora podemos visionar en la cinta; cámara en mano, hubo de soportar estoicamente los entrenamientos de los galgos, las declaraciones de los galgueros y presenciar la caza de la liebre. No puedo evitar preguntarle si, además de los emocionales, encontró otros inconvenientes, a lo que me responde, sorprendentemente, que todos los galgueros firmaron la cesión de derechos de imagen felizmente y quisieron hablar, que tenían muchas ganas de defender su posición y su práctica. “Se sienten muy orgullosos de lo que son, de la belleza de sus galgos al correr y, para la gran mayoría, abandonar a sus perros cuando ya no son útiles no tiene nada de malo”.

La película nos muestra una verdad conocida por todos, pero a la vez silenciada de cara a las autoridades. Si la práctica totalidad de los habitantes de un pueblo lleva a cabo la misma actividad, nadie va a denunciar a nadie. Y no lo van a hacer porque no consideran que estén haciendo nada reprobable, tras generaciones y generaciones de “correr la liebre”. Esto es precisamente lo que más ha impactado a Irene Blánquez, dentro de la investigación realizada: la falta de conexión y empatía de estas personas hacia sus galgos, a los que ven como trofeos potenciales, posibles ganadores, deshechos cuando tan sólo tienen tres o cuatro años de edad y su potencial al correr decrece.

El documental se está proyectando por toda España y me ha despertado la curiosidad saber si estos galgueros que aparecen en la cinta, u otros, han asistido a los pases. Irene me comenta que algunos han sido invitados, pero le consta que no han querido asistir a la proyección. De todas formas, continúa aclarando, su intención no ha sido ridiculizarlos, sino mostrar las dos caras de la moneda, sin sensacionalismos, sin una voz en off conductista: mostrar lo que siente el galgo, y que cada uno saque sus propias conclusiones. Para todos, incluso para los galgueros, es obvio que esta práctica acarrea inevitablemente el abandono del galgo cuando ya no es útil. “Los galgueros así lo afirman, nunca tienen galgos viejos…”.

Casi dos años trabajando en este proyecto: me interesan las conclusiones a las que llega Irene en este tiempo y, al contármelas, me da la pista de por qué ha decidido hacer un documental que se centra en la parte emocional, en los ojos del galgo, y no documenta los momentos más duros, como la muerte y las tradiciones que rodean a la misma: Irene pretende llegar a todo el mundo, que su documental se visione incluso en colegios, sembrar la semilla del cambio. Opina que la solución al problema no es tan sólo que todos sepamos qué les ocurre a los galgos, sino que actuemos de una manera u otra: desde el campo del voluntariado, de la educación en institutos y eventos promovidos por las administraciones, desde  la prensa, el arte, la política… “Ninguna tradición puede justificar el maltrato animal y es reflejo de una sociedad de la que no quiero formar parte”.

Galgos entrenados con vehículo a motor
Galgos entrenados con vehículo a motor

Pero esto no es lo único que ha extraído Irene de estos dos años de trabajo, puesto que también se ha llevado a casa a Perla, una galga que conoció durante el rodaje del entrenamiento de los galgos atada a un 4×4. “Es mi máxima inspiración, con ella aprendo día a día a ser paciente, mientras ella va superando sus miedos y ganando confianza poco a poco. Me siento muy afortunada de saber lo que es recibir el amor de un galgo, como dice Carmen Urbano, presidenta de SOS Galgos en una entrevista que aparece en el cierre del documental: “la mirada de un algo lo dice todo…””.

Junto al documental se estrena también Waggingtale Films (www.waggingtale.org), una productora creada por Irene Blánquez y la diseñadora gráfica Mabel Vicente, con el objetivo de crear proyectos relacionados con la defensa animal y del medio ambiente. Tienen ya varias ideas en mente para su próximo trabajo, que seguirá la línea que han comenzado y beberá de las fuentes del respeto animal.

Artículo publicado originalmente en Ethical Magazine en febrero de 2014.

El miedo de los galgos
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